Nunca has visto lo que pasa antes de una foto. Te lo cuento yo, que para eso estás en mi casa.
Empieza en el armario. El otro día me probé veintisiete prendas delante del espejo, una detrás de otra, casi sin parar. Un body blanco de encaje, una combinación de seda que se me escapa del hombro, algo con brillo. Y no, no te voy a contar cuáles se quedaron fuera, aunque alguna no llegó a las fotos por motivos que no tienen nada que ver con la ropa 😏
Después empieza lo bueno, que es lo que nadie ve. Somos ella y yo, y ahí fuera se queda todo lo demás. A estas alturas me da igual estar en ropa interior delante de ella: es de las pocas personas con las que no me da vergüenza nada. Ella me conoce y sabe cuándo estoy cómoda y cuándo estoy disimulando. Cuando me pongo en pose me lo dice: «así no». Y tiene razón, que se me nota en la cara.
Yo no sé posar. Nunca he sabido. Lo he intentado y salgo rara, como si fuera otra.
Así que hacemos lo que sale. Ella me habla, me cuenta cosas, se ríe de mí, yo me río de ella, y entre risa y risa va disparando. Me dice «no te muevas» y yo aguanto… dos segundos. Dos, no más, que tampoco voy a fingir lo que no soy. Y a los dos segundos ya estamos las dos muertas de risa.
De ahí sale casi todo. No de un truco ni de una postura, sino de estar a gusto con alguien delante que no me juzga. Cuando me relajo me veo; cuando poso, no. Por eso no vas a verme seria en una foto mía: la cara seria no me sale. Lo he intentado. Ya te conté algo de esto hace unas semanas, en la otra entrada.
Al final del día quedan más de doscientas fotos y entre las dos nos quedamos con una de cada momento: la que tiene esa mirada que a mí me gusta. El resto se guarda igual, que a veces una que parecía nada es la que luego más me gusta. Como en casi todo, ¿no? 😏
Mi cara va difuminada, por discreción. El resto tal cual salió, sin retoques y sin artificio: la sombra rara, el pelo revuelto, la sonrisa de verdad.
En mi galería tienes las que sí verás. Míralas sin prisa. Y si alguna te deja con ganas de saber cómo soy en persona, ya sabes dónde encontrarme.
Besitos
Nina 💋